Venezuela, ¡chupito!

Decir Venezuela es decir mucho. Es decir que se tiene miedo a las ideas del adversario político, que se quieren evitar temas incómodos que afectan a uno mismo o al propio partido, que uno carece de propuestas creíbles y que las pocas que puede haber tenido están quemadas. Venezuela no es una forma de ataque, es en realidad una estrategia defensiva.
Cuando un candidato o alguno de sus escuderos utilizan la palabra Venezuela no están en realidad atacando a Podemos, se están defendiendo. Están ocupando todo el tiempo que puedan de su intervención hablando de algo simplemente para no tener que enfrentar preguntas incómodas o dar explicaciones sobre sus cada vez más nauseabundos casos de corrupción, sus incoherencias o sus pactos absurdos.
Un debate debería ser una oportunidad de explicar a los ciudadanos las propuestas que uno tiene, las ideas que defiende, el proyecto de futuro en el que quiere trabajar. Si un candidato elude dar este tipo de explicaciones y pierde el tiempo en hablar de un país que no nos toca en nada, estando España en un momento político tan crítico, hay que sospechar.
Es evidente que sacar el tema de Venezuela no les va a reportar ni un sólo voto extra, y quienes lo usan lo saben. Porque aquí a nadie le importa en realidad un carajo lo que ocurra en aquel país. Y excepto personas extremadamente simples (a quienes ya se supone totalmente atrapadas por el discurso único que les dictan los telediarios) nadie podría tomarse muy en serio la estrategia de sacar a relucir en un debate el mantra de Venezuela. Desde luego que los muy sectarios, cuyo voto antiPodemos ya tienen esos partidos más que garantizado, aplauden con las orejas cada vez que oyen Venezuela, aunque sea en un concurso de misses, pero su voto no va a cambiar, solo sirve para su propio alborozo.
Esta noche parece que en el debate a dos de Salvados Albert Rivera va a sacar hasta la náusea el comodín de Venezuela. Por no decir hasta lo bufonesco, porque el nivel intelectual de las intervenciones que hemos visto en los cortes publicitarios son propios de un espectador zombi de MyHyV. Hay que preguntarse por qué Rivera renuncia esta noche a debatir políticas para nuestro país y pierde el tiempo en interrumpir a su oponente con comentarios chorras. Tal vez sienta que ya no puede disimular más su escasa estatura política. En mi modesta opinión, Rivera es un tipo que no se puede salir mucho del guión porque enseguida tiene deslices que dejan en evidencia sus carencias, las de quien se ha centrado únicamente en estudiar materias que le pudieran resultar económicamente rentables algún día. Lamentablemente, una tendencia de nuestro sistema educativo: abandonar cualquier asignatura que no resulte monetizable. ¿Para qué querría alguien estudiar hoy en día filosofía? Para no ser un castillo de naipes. Para tener solidez en los argumentos. Para no tener que despistar a los espectadores diciendo Venezuela.

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