La máquina perfecta

Por mucho que miro, yo a Podemos no le encuentro la derrota por ninguna parte. En todo caso, en haber asumido sin dudarlo el relato de que ha sufrido una derrota. Si hace tres años me dicen que una nueva fuerza política iba a conseguir 71 escaños y que haría sentir al PSOE el aliento en el cogote, me hubiera parecido ciencia ficción. Pero ahí están, revalidando en junio lo conseguido en diciembre. Y no era fácil, porque todos sabíamos que no se lo iban a poner fácil. El verano pasado, hablando con el director de un medio de comunicación, me aseguraba que jamás se iba a permitir que Podemos ganara unas elecciones, que estaba convencido de que desde ese momento se estaba realizando una minuciosa búsqueda de cualquier cosa en el pasado de la cúpula de Podemos que pudieran utilizar en su contra. Y que no importaba que no existiera nada, porque entonces lo inventarían, y que si tenían que montarle a Iglesias un caso de pederastia, se lo montarían. Tal cual me lo dijo, con esas palabras, y además lo asumía con mucha naturalidad.

No le temo al sufragio universal; la gente votará lo que se le diga”. Alexis de Tocqueville

Que se presenten a las elecciones, dijeron. Lo dijeron porque pensaban que aquellos “perroflautas” nunca se presentarían. Y si se presentaban, el sistema tenía resortes de sobra para aplastarlos. Y los tiene, solo hay que escuchar las conversaciones de Jorge Fernández Díaz sobre cómo utilizan las estructuras del Estado para eliminar a sus adversarios políticos. En esas conversaciones se nombra al Grupo Planeta, que el ministro sugiere que se puede utilizar para filtrar información que perjudica a sus adversarios. Vamos a recordar que al Grupo Planeta pertenece no solo Antena3, sino también La Sexta, una cadena que funciona en clave “progre”, pero cuyo capital tiene exactamente los mismos intereses que, por ejemplo, La Razón. Ambos medios pueden utilizarse para filtrar la información que uno quiera, pero a distintos públicos. Si lo publicas en La Razón, se lo creen los carcas, si lo cuentas en Al Rojo vivo, se lo creen los progres. El Grupo Planeta es una maquinaria de propaganda perfecta. Puedes colar todos los mensajes que quieras a la población, e incluso meterles el miedo y la desconfianza en el cuerpo hacia determinada formación política que no conviene a tus intereses. Lo que le conviene a La Sexta, como a Antena 3, como a El País, como a La Ser, a Cuatro y por supuesto al Banco Santander y compañía, por poner un puñado de ejemplos, es que se mantenga el bipartidismo, que el poder no salga de las manos de PP y PSOE de ninguna manera. Pero si en La Sexta o en La Ser dicen esto abiertamente, los progres dejarían de escucharlas y perderían su influencia sobre ese sector del país. Así que dan una de cal y otra de arena, hacen un doble juego, pero siempre dejando el sabor de boca final de que el #PPSOE no es tan mala cosa. Hablamos de medios que siguen los rojos, luego tenemos los abiertamente de derechas, como La Razón, el ABC, 13TV, la COPE… Ahí no tienen ni que disimular, caña al mono que es de goma. Comunistas, terroristas, titiriteros… Todos los medios de comunicación mainstream han puesto a funcionar su maquinaria durante los últimos meses para llevar a la población a votar mayoritariamente por sostener el bipartidismo, como así ha ocurrido finalmente. Aún así, milagrosamente, más de 5 millones de ciudadanos han escapado a esa influencia y han votado a Unidos Podemos. No sé ni cómo ha podido ocurrir. Pero ahí están, 71 escaños como 71 soles a pesar de tener en contra y funcionando a todo gas la maquinaria y las alcantarillas del Estado. Si me lo dicen el verano pasado, no me lo creo.

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Venezuela, ¡chupito!

Decir Venezuela es decir mucho. Es decir que se tiene miedo a las ideas del adversario político, que se quieren evitar temas incómodos que afectan a uno mismo o al propio partido, que uno carece de propuestas creíbles y que las pocas que puede haber tenido están quemadas. Venezuela no es una forma de ataque, es en realidad una estrategia defensiva.
Cuando un candidato o alguno de sus escuderos utilizan la palabra Venezuela no están en realidad atacando a Podemos, se están defendiendo. Están ocupando todo el tiempo que puedan de su intervención hablando de algo simplemente para no tener que enfrentar preguntas incómodas o dar explicaciones sobre sus cada vez más nauseabundos casos de corrupción, sus incoherencias o sus pactos absurdos.
Un debate debería ser una oportunidad de explicar a los ciudadanos las propuestas que uno tiene, las ideas que defiende, el proyecto de futuro en el que quiere trabajar. Si un candidato elude dar este tipo de explicaciones y pierde el tiempo en hablar de un país que no nos toca en nada, estando España en un momento político tan crítico, hay que sospechar.
Es evidente que sacar el tema de Venezuela no les va a reportar ni un sólo voto extra, y quienes lo usan lo saben. Porque aquí a nadie le importa en realidad un carajo lo que ocurra en aquel país. Y excepto personas extremadamente simples (a quienes ya se supone totalmente atrapadas por el discurso único que les dictan los telediarios) nadie podría tomarse muy en serio la estrategia de sacar a relucir en un debate el mantra de Venezuela. Desde luego que los muy sectarios, cuyo voto antiPodemos ya tienen esos partidos más que garantizado, aplauden con las orejas cada vez que oyen Venezuela, aunque sea en un concurso de misses, pero su voto no va a cambiar, solo sirve para su propio alborozo.
Esta noche parece que en el debate a dos de Salvados Albert Rivera va a sacar hasta la náusea el comodín de Venezuela. Por no decir hasta lo bufonesco, porque el nivel intelectual de las intervenciones que hemos visto en los cortes publicitarios son propios de un espectador zombi de MyHyV. Hay que preguntarse por qué Rivera renuncia esta noche a debatir políticas para nuestro país y pierde el tiempo en interrumpir a su oponente con comentarios chorras. Tal vez sienta que ya no puede disimular más su escasa estatura política. En mi modesta opinión, Rivera es un tipo que no se puede salir mucho del guión porque enseguida tiene deslices que dejan en evidencia sus carencias, las de quien se ha centrado únicamente en estudiar materias que le pudieran resultar económicamente rentables algún día. Lamentablemente, una tendencia de nuestro sistema educativo: abandonar cualquier asignatura que no resulte monetizable. ¿Para qué querría alguien estudiar hoy en día filosofía? Para no ser un castillo de naipes. Para tener solidez en los argumentos. Para no tener que despistar a los espectadores diciendo Venezuela.