La playa

Y tras emerger de los oscuros abismos

sobreviviendo a todos los naufragios,

a veces dejando de nadar,

manteniéndome inmóvil entre las aguas,

otras veces braceando sin aliento;

alcanzar la playa una mañana de verano

y con la espalda sobre la arena,

extendidos los brazos,

recibir el calor del sol,

que secará mis huesos.