Lavar el coche los domingos

A mí la vida no me da para tanto

no me da para ir a la oficina todos los días,

para acarrear comida del supermercado a la nevera.

Para leer los clásicos,

para dar 10.000 pasos diarios,

para mirarte de reojo.

 

A mí es que la vida no me da para tanto.

No me da para bajar la basura todas las noches.

Para escribir un blog,

para descubrir poetas,

para acabar de convencerte.

 

A mí es que la vida no me da para tanto.

Para ir depilada,

para lavar el coche los domingos,

para bailar desnuda con los lobos,

para vaciar el tendedero antes de la lluvia.

 

A mí es que la vida no me da para tanto.

No me da para hacer dieta,

para hacerme todas las revisiones,

para apuntarme a yoga.

A mí la vida no me da para casi nada.

Pero sobre todo, sobre todas las cosas,

la vida no me da para esperarte.

Ojalá nunca más el individualismo

Las crisis -las económicas, las políticas, las personales, las emocionales- aportan una receptividad inigualable para aprender, para advertir lo que durante las épocas de bonanza nos pasa inadvertido. Se aprende de las derrotas mucho más que de las victorias, a pocas luces que uno tenga. Normalmente, si no hay crisis, no hay lugar para la reflexión.

Aprendimos muchas cosas cuando la crisis tambaleó la economía y con ello la sociedad española. El sufrimiento de tanta gente nos hizo replantearnos, no solo el sistema financiero o los entramados políticos que se habían instalado, sino también nuestras propias actitudes y formas de vida, nuestros valores y nuestra ideología. Así, la crisis trajo consigo un renovado interés de los españoles por la política, algo que de haber existido en las épocas de bonanza, tal vez hubiera evitado el desmadre en el que vivieron los partidos y en el que se gestó la putrefacción del sistema.

Muchísimos jóvenes descubrieron la política en esa época, cuando se rompió la promesa de prosperidad y abundancia en que habían sido criados, y buscaron respuestas a su situación, interesándose en un instrumento que antes no les tenía utilidad, y en muchos casos cristalizando en alguno de los movimientos 15M.

De la crisis, del hartazgo y de todo este renovado interés de los jóvenes españoles por la política, nació también Podemos. El recorrido que tendrá este novísimo partido político, no me atrevo de ninguna manera a anticiparlo. Si falla, se llevará por el sumidero las esperanzas de millones de españoles de poder abrir una brecha en este sistema corrupto y deshumanizado, de que algo cambie. Pero ojalá no se lleve también nuestra convicción de que otra forma de vivir es posible, de que la solidaridad vale mil veces más que la competitividad, y sobre todo, de que el individualismo nos deja desnudos frente al capital, nos hace débiles y fáciles de manejar. Pase lo que pase, fracase o no Podemos, nunca volvamos a olvidar que solo el colectivismo puede salvarnos.