Los locos locos votantes de Trump

trump-cover-finalLos “blancos pobres” de zonas rurales han votado a Trump, y ahora  los pijos estadounidenses se echan las manos a la cabeza. Los actores de Hollywood, las élites culturales y esa gente tan cool de Manhattan… 

El jueves pasado, el periodista del Washington Post Ed O’Keefe, trataba de explicar en el XVIII Congreso de Periodismo Digital de Huesca la inesperada victoria de Trump en las últimas elecciones estadounidenses. Mencionó que había que cambiar el sistema de encuestas, porque no había funcionado, y aventuró que los votantes de Hillary no fueron a votar porque estaban muy seguros de que Trump perdería. Se diría que EEUU todavía está bajo el estado de shock de la inesperada llegada al gobierno de Trump, y que ni los corresponsales políticos son capaces de explicar muy bien lo ocurrido. Supongo que tener a un tarado tramposo como Trump de presidente debe de parecerles una pesadilla de la que todavía podrían despertarse en algún momento.

Ed O’Keefe explicó que lo que finalmente dio la victoria a Trump fue conquistar los estados del cinturón de óxido, una zona castigadísima por la desindustrialización, el paro, el cierre de minas… que habitualmente dominaban los demócratas, supuestamente el partido de los trabajadores. Trabajadores en muchos casos desempleados y acuciados por la pobreza, que sienten que el Partido Demócrata no ha hecho nada por ellos.

En una entrevista en The Guardian publicada por eldiario.es, Bernie Sanders se pregunta: ¿Cómo diantres es posible que el Partido Demócrata, el partido de los trabajadores, haya cedido tanto terreno político para que un multimillonario (Trump) se pueda poner de pie frente a otros multimillonarios en el hotel Waldorf y simular que es el gran defensor de los obreros siderúrgicos?”

Los blancos pobres de zonas rurales han votado a Trump, y los pijos estadounidenses se echan las manos a la cabeza. Los actores de Hollywood, las élites culturales, la gente cool de Manhattan… incluso algunos mexicanos muy bien situados en la escala social y económica entienden la victoria de Trump como una desgracia que nunca debió ocurrir. Cuando los escucho, me pregunto si antes de que esos blancos pobres sin estudios inclinaran la balanza de su destino se preocuparon alguna vez por la situación de pobreza en que la desigualdad los estaba hundiendo. Me pregunto si ellos, desde sus lujosas casas con servicio doméstico y sus universidades privadas pensaron alguna vez en los 46 millones de compatriotas que viven por debajo del umbral de la pobreza, un 15% de la población. Probablemente no, porque probablemente siempre pensaron que ése era un problema que no iba con ellos y, como la derecha ha ganado la guerra del discurso, probablemente están convencidos de que esos pobres merecen su pobreza por holgazanes e incapaces.

La desigualdad no suele importarles a los que viven en la cara rica de la moneda, pero debería. Porque la desigualdad afecta a la sociedad en su conjunto. No puedes abstraerte de toda esa pobreza, de que millones de personas en tu país no tengan ninguna oportunidad de salir de ella, ni sus hijos, ni los hijos de sus hijos. No puedes abstraerte de que uno de cada cinco niños pase hambre en tu país, aunque los tuyos vayan a estar sobrealimentados toda su vida. Porque la pobreza siempre llama a tu puerta: en forma de inseguridad, en forma de disturbios, o en forma de un monstruo llamado Trump.

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