Dios creó el clítoris exactamente tal y como es

Vaya por delante que yo siempre intento ser muy respetuosa con las creencias religiosas de las personas. Igual que intento serlo con su ideología política (sobra decir que no siempre obtengo la misma deferencia de vuelta). Pero si lo hago, si respeto el sentimiento religioso o ideológico de las personas, no es porque lo diga la ley, es una decisión personal, porque soy muy guay. Soy una persona guay que va por ahí intentando respetar los sentimientos de la gente. Eso incluye sus creencias religiosas, sus tendencias sexuales o sus ideas políticas. Yo soy así de guay, por si no lo habíais notado.

Por eso, probablemente, nunca realizaría una protesta como la que protagonizó Rita Maestre a los 22 años. Y sin embargo, comprendo perfectamente por qué lo hizo. Rita Maestre y sus compañeras no estaban protestando contra la libertad de los católicos para practicar su fe, no protestaban contra los creyentes ni sus sentimientos religiosos, protestaban contra una institución hegemónica en España como es y ha sido la Iglesia Católica, contra la invasión por esta institución de los espacios públicos. Maestre y su tropa protestaban contra la no separación de la Iglesia y el Estado, contra el favoritismo hacia una religión en concreto y contra la invasión de la Universidad por la Iglesia Católica. Tal vez haya formas más respetuosas de hacerlo, pero eso ya es una cuestión personal.

Aclarado esto, tengo que decir que el juicio contra Rita Maestre, del que mi sensibilidad solo me permitió ver una pequeña parte, me heló la sangre. Aquella fiscal insistiendo una y otra vez, minuciosamente y con regodeo en todos los detalles de los hechos, me recordó a la Santa Inquisición y me parecía que la joven Rita Maestre estaba acusada de herejía y que del banquillo la conducirían directamente a la hoguera, como la Iglesia solía hacer antaño.

En la parte del interrogatorio que pude ver, escuché que se hablaba del torso desnudo de la acusada como una ofensa a Dios. También le parecía ofensivo a la acusación que Rita hubiese coreado “contra el Vaticano, poder clitoriano”.  Y yo me pregunto, ¿pero cómo va a ofender a Dios algo que ha creado Él mismo? Algo de lo que nadie más que Él ha decidido su forma, su tamaño, su color, su olor y hasta su sabor. Un clítoris es tal y como es porque Dios así lo ha decidido, puesto que es su creador. Igualmente, ¿por qué va a ofender a Dios la desnudez, si es como Él ha decidido que vengamos a este mundo? ¿O se sabe de algún bebé que Dios haya enviado con sayo, o taparrabos, o camisita y canesú? No, según la tradición católica, Dios es nuestro creador y nos manda al mundo desnudos. Si alguien quiere ofenderse por esa desnudez, tal vez esté ofendiendo a Dios, creador absoluto e indiscutible según la religión cristiana de ese cuerpo desnudo. Por lo tanto, mi conclusión es que quien ofende realmente a Dios es quien abomina de su creación, quien se horroriza, se espanta y se santigua ante el torso desnudo de un ser humano o el nombramiento de cualquiera de sus partes, aún sea la que está entre las piernas de las mujeres debido a que, según su religión, Dios así lo quiso.

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