COMER ES UN ACTO POLITICO

Las crisis, del tipo que sean, implican siempre un gran sufrimiento, pero también suelen traer regalos escondidos, algunos de los cuales no vemos hasta que la crisis ha sido zanjada. Las crisis traen, por ejemplo, impagables lecciones para quienes las quieren aprender. La crisis que vivimos en España, que tan mal han manejado nuestros políticos y que ha acarreado tanto sufrimiento a tantas personas, nos ha traído, entre otros regalos que solo veremos a largo plazo, un renovado interés de los españoles por la política. Al pueblo español vuelve a interesarle, y mucho, la política, y de esta forma vuelve a tomar el poder que había abandonado en manos de unos cuantos mediocres, que han hecho y deshecho a su antojo, con penosas y evidentes consecuencias.

Pero aunque muchas personas, durante el período de bonanza, hayan sentido rechazo hacia los temas políticos y pretendían ignorarlos, deben saber que el ser humano que vive en sociedad hace política desde que se levanta hasta que se acuesta. Viviendo en sociedad, todos nuestros actos tienen una repercusión política, lo queramos o no. Por ejemplo, uno de los actos cotidianos que en mi opinión tienen más contenido político, es la comida. Para mí, comer es un acto político, a través del cual podemos modificar la sociedad en la que vivimos.

Cada vez que elegimos qué vamos a comer hoy, dónde vamos a comprar los tomates, o qué clase de pollo llevaremos a la mesa, estamos eligiendo mucho más que el menú, estamos eligiendo qué tipo de mundo queremos, qué clase de sociedad y qué planeta queremos dejarle a nuestros hijos.

Hay pocos actos que realicemos tan compulsivamente como comer. Todos lo hacemos, todos los días, y varias veces al día. Podemos decidir no gastar dinero en ir al cine, no irnos de vacaciones, no comprar libros o no teñirnos el pelo… Pero todos necesitamos comprar comida. Eso mueve muchísimo dinero y poder en el mundo. Es una parte muy importante de la economía. Incluso hay bancos, como Goldman Sachs, que ni siembran comida, ni la almacenan, ni la comercializan, pero especulan con comida y ganan muchísimo dinero subiendo y bajando el precio de ciertos alimentos según su interés. Y este tipo de especulación propicia que mucha gente muera de hambre en el mundo.

En mayo del 2009, Michael W. Masters, un ex-manager de un hedge fund que especula en el mercado de los alimentos, fue convocado para hablar sobre este tema ante el Senado de los Estados Unidos, e hizo la siguiente declaración:

“En este mismo momento, hay cientos de miles de millones de dólares preparados para entrar en los mercados de las materias primas. Si no se toma una acción inmediata, los precios de la energía y los alimentos seguirán subiendo. Esto podría tener consecuencias catastróficas para millones de consumidores estadounidenses. Y podría significar, literalmente, la muerte por inanición de millones de personas en los países más pobres”.*

La comida es importante dentro de la economía y por lo tanto nuestras elecciones sobre lo que comemos o no, tienen un impacto en esa economía. Creo que esto es algo que no deberíamos perder de vista. Cada uno debe reflexionar acerca de qué tipo de economía quiere apoyar, porque eso es una decisión personal que depende de los valores y la ideología de cada cual. Dependiendo de la elección que hagáis, estaréis apoyando a los agricultores locales, o a las grandes cadenas de supermercados. O si elegís huevos ecológicos, estaréis favoreciendo que las gallinas no pasen su vida hacinadas, enfermas e hinchadas a antibióticos, sin poder moverse y conviviendo con cadáveres de otras gallinas. Esto puede ser importante para vosotros, o no. Para mí sí lo es. Igualmente, si ponéis de postre naranjas de valencia en lugar de piña de Costa Rica, estaréis evitando al medio ambiente la emisión de un montón de CO2 que se produce en el transporte de la mercancía desde tan lejos.

Cada uno debe elegir su opción personal, la que más se ajuste a su ideología y al mundo en el que quiere vivir. Yo, cuando compro comida, trato de elegir un mundo en el que a los agricultores de mi país les paguen un precio justo por sus productos, que no tengan que tirar sus cosechas porque han caído los precios, que puedan subsistir con dignidad. Y por eso trato de comprar local. Y también quiero vivir en un mundo en el que los animales tengan una vida con el menor sufrimiento posible, y por eso compro huevos ecológicos y carne ecológica. Y quiero proteger el medio ambiente de mi planeta, y por eso elijo productos de cercanía.

La industria alimentaria tiene un gran impacto en la economía, y por lo tanto en la sociedad y el medio ambiente. A través de la comida que elegimos, podemos modificar el mundo en que vivimos. Os animo a que reflexionéis sobre este poder que tenéis en vuestras manos, y que si creéis que vale la pena, lo ejerzáis.

*Este tema de la especulación con alimentos de los grandes agentes financieros, lo explica maravillosamente Principia Marsupia en su blog, de donde he extraído el testimonio de Michael W. Masters: http://www.principiamarsupia.com/2012/09/03/como-goldman-sachs-creo-una-crisis-alimentaria-internacional/

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